20 ABRIL
3 MAYO
2026

20 ABRIL - 3 MAYO 2026

Arthur Fils, el hijo pródigo de Goran

El 18 de febrero, en Doha, Arthur Fils enseñó al mundo del tenis algo más que una victoria. Aquel día derrotó a Quentin Halys y alcanzó los cuartos de final del ATP 500, pero la noticia estaba también en su banquillo. Allí apareció por primera vez Goran Ivanisevic, campeón de Wimbledon, ex número dos del mundo y otrora entrenador de Novak Djokovic. Fils venía de una temporada 2025 rota por una fractura por estrés en la espalda, una lesión delicada para cualquier jugador y especialmente amenazante para alguien que había construido su irrupción sobre la potencia, la explosividad y el descaro físico. Dos meses después, parece que esa unión fue el punto de partida de una reconstrucción acelerada.

La lesión durante Roland Garros le dejó prácticamente fuera de combate. Había llegado a ser número 14 del mundo, sí, pero una cosa es alcanzar una cima y otra muy distinta es volver a escalarla después de que la espalda te de una advertencia del género. A pesar de sus 21 años lo de Fils es casi más una reconstrucción.

La semana en la que Ivanisevic apareció por primera vez en su esquina terminó con el de Courcouronnes en la final del ATP 500 de Doha, donde sólo Carlos Alcaraz fue capaz de detenerle. Después llegó Indian Wells y otros cuartos de final, esta vez con derrota ante Alexander Zverev. Una semana más tarde, en Miami, dio otro paso de categoría: primera semifinal de Masters 1000 de su carrera, aunque Jiri Lehecka le cerró la puerta. Y entonces apareció la tierra. La tierra como acelerador, como confirmación, como escenario natural para que un jugador que ya apuntaba alto empezara a correr más que sus propias dudas.

Hace una semana ganó el Conde de Godó, su primer título en dos años, derrotando en la final a Andrey Rublev. Y ahora, en Madrid, ha vuelto a meterse en semifinales de un Masters 1000. La segunda en apenas unas semanas. La primera de su vida en esta categoría sobre tierra batida. Lo hizo, además, ajustando cuentas con Lehecka, el mismo rival que le había frenado en Miami. Esta vez no hubo repetición de la herida: 6-3 y 6-4, sin conceder una sola bola de break, dominando cerca de la línea de fondo y jugando con esa mezcla de potencia pesada y descaro competitivo que siempre ha hecho pensar que Fils no era un proyecto cualquiera.

La fotografía completa es impresionante con final en Doha, cuartos en Indian Wells, semifinales en Miami, título en Barcelona y semifinales en Madrid. Todo en apenas cuatro meses de competición real tras una lesión que puso en jaque su futuro inmediato. Ya ha vuelto al Top 20 y aparece como el cuarto mejor jugador del año en la carrera hacia Turín. No es sólo que haya regresado. Es que ha regresado con prisa por recuperar el tiempo perdido.

Es ahí donde entra una figura como Ivanisevic. El croata sabe lo que pesa una carrera grande porque ganó Wimbledon. Sabe lo que es convivir con la expectativa porque fue número 2 del mundo. Y, sobre todo, sabe lo que significa construir monstruos competitivos porque durante años formó parte del equipo de Novak Djokovic, de 2018 a 2024. Cuando Fils explicó en Doha que Goran era “un campeón excepcional” y que podía ayudarle por su experiencia como jugador y como entrenador, la frase sonó a respeto lógico. Hoy empieza a sonar también a diagnóstico acertado.

Ivanisevic no ha llegado para enseñarle a Fils a pegar fuerte. Eso ya lo traía de serie. Ha llegado, más bien, para ordenar el incendio y ponerle oficio a la electricidad. Para recordarle cuándo conviene morder, cuándo respirar, cuándo no regalar una décima de atención y cómo se compite. Ahí donde Djokovic, durante tantos años, ha sido una enciclopedia andante.

El siguiente reto que tiene ahora Fils en Madrid no es pequeño: derrotar por primera vez al número uno del mundo. Enfrente estará Jannik Sinner, también invicto en esta gira de tierra. El italiano llega con el título de Montecarlo y con esa sensación de reloj suizo que no se inmuta ni cuando el ambiente se calienta. Fils llega con Barcelona bajo el brazo, con Madrid en ebullición y con una convicción nueva: la de quien ya no se conforma con estar de vuelta.

La semifinal tiene algo de examen y algo de anuncio. Examen porque Sinner es hoy la vara de medir más exigente del circuito. Anuncio porque, pase lo que pase, Fils ya ha dejado la señal nítida de que la lesión no le ha devuelto más pequeño. Le ha devuelto más hecho.

Arthur Fils apuntaba maneras desde hace mucho tiempo. La diferencia es que ahora, con Goran en la esquina, empieza a parecer menos una promesa y más y más una amenaza.