Mirra Andreeva ya está en la final del Mutua Madrid Open. Conviene detenerse un segundo en la frase, porque empieza a sonar demasiado normal algo que no tiene nada de normal. La adolescente, que ayer cumplía 19 años, derrotó este jueves a Hailey Baptiste por 6-4 y 7-6(8) y confirmó que su relación con Madrid es algo más que especial.
“Estoy feliz, muy feliz. He sabido sufrir a lo largo del torneo y hoy también. Me hace mucha ilusión estar en la final. Madrid me encanta y se me ha dado muy bien desde que empecé en el circuito”, ha dicho la jovencísima Andreeva con una sonrisa que atravesaba lo largo y ancho del recinto de la Caja Mágica.
La pupila de Conchita Martínez se convierte así en la segunda finalista más joven en la historia del torneo madrileño desde su nacimiento en 2009, solo por detrás de Caroline Wozniacki, que alcanzó la final en aquella primera edición. El dato puede ir todavía más lejos. Si levanta el título, se convertirá en la campeona más joven de siempre del Mutua Madrid Open. Un registro que encaja con la velocidad a la que está quemando etapas. Madrid es ya su tercera final WTA 1000, tras Dubai e Indian Wells 2025, y hasta ahora cada vez que ha llegado tan lejos en esta categoría ha terminado con el trofeo en las manos.
La estadística impresiona más si se mira con perspectiva. Andreeva puede ser la primera adolescente en ganar tres títulos WTA 1000 desde que existe el formato, implantado en 2009. Ya es la jugadora con más victorias que nadie sobre tierra batida. Desde que debutó en la superficie a nivel WTA en 2023, solo Iga Swiatek y Aryna Sabalenka han ganado más partidos que ella en arcilla. Ahí es nada.
Pese a su juventud, llegaba a la semifinal como la principal cabeza de serie de las cuatro aspirantes al título. La victoria ante Baptiste no ha tenido el dramatismo extremo del duelo anterior de la estadounidense, que venía de levantar seis bolas de partido a Sabalenka, pero sí tuvo tensión de sobra. Baptiste volvió a saber sufrir, volvió a agarrarse al encuentro y llevó el segundo set hasta un desempate larguísimo. Allí salvó la primera bola de partido, pero no pudo con la segunda. Andreeva cerró el duelo por 6-4 y 7-6(8), con esa mezcla de madurez, descaro y frialdad que empieza a definirla.
Baptiste se marcha de Madrid después del mejor torneo de su carrera, con la sensación evidente de haber dado un salto, aunque el billete a la final se le escapara entre las yemas de los dedos.
El reto, además, llega sin demasiado margen para respirar. Andreeva no tendrá descanso este viernes, porque también disputará las semifinales de dobles junto a Diana Shnaider. Entre medias, intentará desconectar. De hecho, ha reconocido que no verá la otra semifinal individual, entre Marta Kostyuk y Anastasia Potapova, de donde saldrá su rival por el título. Prefiere descansar, apagar el ruido y esperar.
Madrid, mientras tanto, espera. Andreeva está a un solo partido de su tercer WTA 1000, a un solo partido de hacer historia en la Caja Mágica y a un solo partido de confirmar que su presente ya va tan rápido como el futuro que todos le imaginan.
