El tenis es un deporte de reválida permanente y Casper Ruud conoce el desafío que tiene en las manos. El vigente campeón del Mutua Madrid Open, observado con atención especial desde su llegada a la Caja Mágica, puso freno a la euforia nada más comenzar el torneo: haber ganado la última edición no implica un cheque en blanco a su regreso. La victoria de este lunes ante Alejandro Davidovich Fokina (6-3, 6-1) le entregó un puesto en octavos de final, un premio a un hombre que es viva imagen de la prudencia. El mejor camino para repetir éxito, siempre, es no darlo por sentado.
Las palabras de Ruud no fueron un brindis al sol. Sobre la tierra batida de la Caja Mágica se juega algo más que un torneo de arcilla, se libra una batalla por la adaptación. La altitud de Madrid multiplica los retos sobre la pista, donde un peloteo largo es más una excepción que una norma. En un torneo que retuerce las reglas clásicas de la arcilla, colocando la construcción de los puntos y la definición en la misma mesa, permanecer en el trono ha sido una rareza más que una tradición.
“Las condiciones abren oportunidades a otros jugadores. Si te enfrentas a un jugador con un gran servicio, o capaz de pegar fuerte desde la línea de fondo, te pueden desbordar. De una manera diferente a como sucedería en un torneo a nivel del mar. Creo que se debe a esto. El hecho de que yo ganara el año pasado, Rublev lo hizo el año anterior, Sascha [Zverev] también ha ganado. Es emocionante para los jugadores ver que se puede conseguir”.
Desde que la Caja Mágica se convirtió en el hogar del torneo en 2009, comenzando la era de la tierra batida en la capital española, solamente Rafael Nadal (2013-14) y Carlos Alcaraz (2022-23) consiguieron sujetar la copa durante dos ediciones consecutivas. Los dos grandes ídolos recientes de la afición, arropados por el público en cada partido, contaron con ese extra de la grada para completar una misión imposible para cualquiera. Ese es el reto que afronta Casper, mantener su condición de rey pese a unos vítores más repartidos.
“Si miramos a la historia del torneo, quizá sea el Masters 1000 de tierra batida que ha tenido más variedad de campeones. Además, en el palmarés de Rafa vemos que ‘solo’ ha ganado cinco veces el torneo, comparado con las 10, 12 o 40 veces que ha ganado en otros lugares”, bromeó Ruud.
Sus dos primeros encuentros han sido una prueba de dureza ante el entorno. Ruud ha conseguido desbancar a Jaume Munar y Alejandro Davidovich Fokina en el Estadio Manolo Santana, apartando a jugadores locales en la pista más grande del país.
Esta edición del Mutua Madrid Open, además, está asistiendo al nacimiento de una nueva generación de La Armada, decidida a copar la atención en un torneo que ya camina en su segunda semana. Los aplausos persiguen a Rafael Jódar, un soplo de aire fresco antes de cumplir los 20 años. Las miradas acompañan la irrupción de Daniel Mérida, instalado en el Top 100 tras un camino de ensueño que nació en la fase previa. Y los recuerdos se centran en Alcaraz, ausente en el torneo pero convertido en máximo ídolo del deporte español.
En una época ATP Tour con aroma a transición, Ruud lucha por mantener su cuota de poder. A los 27 años, con margen para brillar en el circuito, el noruego quiere conservar una línea iniciada en 2025: aspirar a trofeos cada vez mayores. En Madrid consiguió el más grande de todos y en Madrid rema para volver a conseguirlo.