No todos los torneos significan lo mismo. Para Paula Badosa y Jéssica Bouzas, Madrid, evidentemente no es una parada más en el calendario. Es una plaza emotiva, un torneo que les toca de cerca y unas pista que, por distintas razones, ocupa un lugar especial en sus carreras.
En Paula, ese vínculo se entiende por lo que ha sido Madrid en su trayectoria y por cómo habla de él. La catalana regresa a un torneo que marcó uno de los grandes puntos de despegue de su carrera, aquel escenario en el que firmó hace un lustro unas semifinales que la colocaron definitivamente en otra dimensión competitiva. Por eso su relación con la Caja Mágica va bastante más allá. “Madrid es una ciudad que disfruto mucho, donde he vivido muchos años y estoy a gusto”, explicó. También ha dejado claro que el factor casa puede tiene un peso real: “Puede ayudar mucho si me conecto con la parte positiva del público”.
El citado componente afectivo cobra todavía más importancia por el momento actual en el que llega. Badosa no esconde que ha vivido tiempos mejores, pero también subrayó la parte positiva de su situación actual: “El físico me está respondiendo bien, eso es muy positivo, sólo me queda ir poco a poco encajando las piezas del puzzle”. En un contexto así, volver precisamente a Madrid refuerza la idea de oportunidad. No solo por la competición, sino por el significado del lugar. Allí donde dio uno de sus primeros grandes zarpazos en la élite, Paula quiere volver a sentirse competitiva. “Creo que cuando me encuentre a mí misma el tenis va a salir”, ha resaltado. La que fuera número dos del mundo se aferra a la certeza de que ya ha salido antes de momentos difíciles y tiene una fe ciega que puede volver a hacerlo.
En Jessica Bouzas, la conexión con Madrid tiene un matiz distinto, pero igual de potente. Hace dos años, cuando llegó como número 93 del mundo, superó la fase previa y ganó en primera ronda en la pista central precisamente a Paula Badosa, jugadora a la que admira. Aquello no fue un resultado cualquiera. Fue uno de los primeros grandes avisos de su carrera, una presentación en mayúsculas en uno de los escenarios más exigentes y visibles del tenis español.
Esa memoria también se nota en su manera de hablar del torneo. “Estoy muy contenta, muy feliz de estar en España”, ha dicho a la prensa congregada. El lugar que ocupa Madrid para ella está claro: “Es un poco volver a casa y uno de mis torneos favoritos”. Bouzas recordó además el cariño que le tiene al torneo desde sus primeros años, cuando recibía invitaciones para disputar la previa. “Desde que me daban los wild cards para jugar la fase previa es un torneo que siempre me ha hecho especial ilusión”, contó.
La gallega continúa dando pasos en su crecimiento y, en ese camino, hay voces que pesan especialmente. Una de ellas es la de Sara Sorribes. La española volvía a ganar este domingo un torneo tras dejar la competición durante casi un año y todo el tenis se alegra, Jéssica todavía un poco más. Al hablar de ella, Bouzas no solo elogió a una compañera del circuito, sino que habló de ella con admiración profunda. “Se me pone la piel de gallina al hablar de ella”, ha dicho emocionada al recordar su ayuda en los inicios, los consejos recibidos y, sobre todo, una forma de entender la profesión basada en la humildad, el trabajo y la capacidad de exprimir cada recurso.
Para Bouzas, Sara es una buena amiga, pero es mucho más, es la demostración de que en el tenis el talento importa, pero también pesan el trabajo duro y sobreponerse a las dificultades. Sorribes representa un espejo al que mirarse, una tenista que ha sabido hacerse fuerte desde el trabajo diario y que sigue siendo una figura respetada dentro del vestuario.
Bouzas ya sabe lo que es vivir un momento especial en Madrid y ese tipo de referentes tienen un valor añadido. No solo sirven de inspiración abstracta si no que también ayudan a poner en perspectiva el camino, los ritmos de crecimiento y la necesidad de mirar más allá del resultado inmediato.
Así llegan ambas a la Caja Mágica. Paula, agarrada a la parte más esperanzadora de su presente con la alegría de competir sin dolor y confiar en que el resto vuelva a encajar. Jéssica, con la mirada puesta en seguir creciendo y aprendiendo de espejos como el de Sara Sorribes. Dos realidades distintas, dos estados de ánimo diferentes y una misma ciudad como escenario para seguir avanzando.