Continúa la maldición en Madrid. Casper Ruud no podrá defender el título conquistado el año pasado y el Mutua Madrid Open volverá a coronar un nuevo campeón. No es una anécdota. Es casi una ley no escrita de la Caja Mágica. En el cuadro masculino, sólo Rafa Nadal y Carlos Alcaraz han sido capaces de levantar el trofeo dos años seguidos. En el femenino, la historia no es mucho más amable: Simona Halep fue la última en reeditar corona, allá por 2017, y antes sólo lo había conseguido Serena Williams. Cuatro nombres. Y qué cuatro nombres. En categoría masculina ningún jugador no español ha doblado en años consecutivos. Para repetir en Madrid no basta con jugar bien, hay que sobrevivir a un torneo que nunca termina de parecerse a los demás.
La pregunta es evidente. ¿Por qué cuesta tanto? La primera respuesta está en el nivel global del circuito. Hoy en día cualquiera puede poner en un aprieto a cualquiera, y el ejemplo más reciente lo dejó Alexander Blockx este jueves, cargándose al vigente campeón Ruud con una autoridad impropia de quien aún está construyendo su sitio en la élite. El belga, número 69 del mundo, se metió por primera vez en unas semifinales de Masters 1000 después de derrotar al noruego por 6-4 y 6-4, apoyado en un tenis agresivo, directo y muy bien adaptado a la pista madrileña.
No obstante, hay algo más. Madrid es tierra, sí, pero no es la tierra quizás de Montecarlo o Roma. La altitud de la capital, situada en torno a los 650 metros sobre el nivel del mar, cambia la naturaleza del juego. La pelota viaja más rápido, bota más viva y concede más margen a los jugadores capaces de servir fuerte, pegar primero y acortar los puntos. Madrid presenta las condiciones de tierra más rápidas del circuito, precisamente por ese efecto de la altitud.
Ruud lo explica con una naturalidad que ayuda a entender el fenómeno. “Las condiciones de Madrid abren oportunidades a otros jugadores. Si te enfrentas a un jugador con un gran servicio, o capaz de pegar fuerte desde la línea de fondo, te pueden desbordar. De una manera diferente a como sucedería en un torneo a nivel del mar”, señaló el noruego. Tiene sentido. En Madrid, el especialista puro de tierra no siempre encuentra el refugio que sí tiene en otros escenarios. Aquí la bola se le puede venir encima.
No lo dice sólo Ruud. Alexander Bublik lo ha resumido de forma muy gráfica: Madrid es “mucho más rápido que los otros Masters 1000 de tierra”. Francisco Cerúndolo también ha reconocido que aquí “es súper rápido” y que esas condiciones favorecen a los grandes sacadores. No es casualidad que en los últimos años hayan brillado perfiles como Rublev, Zverev, Berrettini, Struff, Auger-Aliassime o Draper, jugadores con capacidad para imponer peso de bola y castigar cualquier pelota corta.
Por eso Madrid tiene algo de tierra batida y algo de trampa. Revalidar aquí es una odisea porque no basta con defender el título. Hay que defenderlo en un escenario que amplía el margen de sorpresa.
