David Ferrer ha vuelto a sentirse en casa en la Caja Mágica. El de Jávea ha sido el invitado del tercer episodio de la tercera temporada de Feli’s Room, el podcast de Feliciano López, director del Mutua Madrid Open. Una charla entre dos amigos que ha terminado siendo un viaje delicioso por varias generaciones del tenis español: la explosión de Rafa Jódar, el relevo que asoma con fuerza, su retirada, su legado, sus arrepentimientos y la transformación del tenis moderno.
“Se me hace raro, porque me vas a hacer una entrevista a mí”, le confesó Ferrer entre risas a Feliciano nada más empezar. La conversación, no podía ser de otro modo, arrancó con el nombre propio del momento en Madrid: Rafa Jódar. El madrileño, de apenas 19 años, viene de firmar una de las grandes victorias del torneo al derrotar a Alex de Miñaur por 6-3 y 6-1 para alcanzar la tercera ronda del Mutua Madrid Open. Feliciano puso sobre la mesa la sensación que dejó su actuación: “He salido de la Manolo Santana diciendo: ojo, porque es una barbaridad lo que juega este chico”.
Ferrer, que ya había conocido a Jódar como sparring en la Copa Davis, reconoció que lo visto en la Caja Mágica le ha impresionado de una manera especial. “Ya me sorprendió para bien, pero lo que he visto hoy ha sido algo que se lo he visto hacer a pocos jugadores”, y no lo dice cualquiera. “Que gane a un top ten y de la manera en que lo ha ganado… Porque ya no es decir que le ha ganado a un top ten. No. Es cómo lo ha conseguido”.
Feli coincide en que impacta la naturalidad con la que Jódar se ha instalado en un lugar que hace apenas unos meses parecía lejano. “Lo sorprendente es un chico de 19 años que pueda manejar esa presión tan fácil”, apuntó López. “La ascensión de Rafa ha sido meteórica”. Ferru lo ha resumido a la perfección: “Normalmente, la carrera tenística es muy diferente: pasas del 1000 al 500, del 500 al 200 y del 200 ya te metes top 100. Pero no te metes del 900 al 40 en ocho meses. Esto lo hacen muy pocos”, explicó. “Lo ha hecho Rafa, Alcaraz… lo han hecho jugadores de esa talla”. A Feliciano le llama especialmente la atención la forma de dominar: “Si tú no sabes nada de tenis y vienes hoy a la pista, dices: el top ten es este chico joven”, comentó entre risas. “Hoy parecía que el top ten fuera Rafa Jódar y no Alex de Miñaur”.
Para el director del Mutua Madrid Open, Jódar posee dos rasgos que explican la expectación: “Tiene dos cosas que son increíbles con 19 años. Una es lo que le va la bola sin esfuerzo. Tiene winners, hace golpes ganadores sin necesidad de hacer mucho esfuerzo. La segunda es el aplomo con el que juega para lo joven que es”.
Ferrer ha sido todavía más claro al valorar su potencial: “Es un jugador que tiene condiciones para ser top 10 durante muchos años”, afirmó. “Luego que gane grandes cosas, ya se verá. Pero condiciones tiene”. El capitán español, eso sí, pide calma. Sabe mejor que nadie que el primer año de irrupción suele venir acompañado de frescura, desconocimiento de los rivales y ausencia de presión y que después llega la parte más difícil: cuando los demás ya te estudian, te esperan y te juegan distinto. “Hay que ir paso a paso, obviamente. No correr, no ir deprisa”, advirtió Ferrer. “Siempre el primer año todo viene rodado. Juegas sin presión, no te conocen. Luego el año que viene ya le van a conocer más y sabrán cómo jugarle”.
La irrupción de Jódar no aparece sola. En la conversación también surgieron otros nombres que alimentan el optimismo del tenis español: Dani Mérida, Martín Landaluce y una generación que empieza a llamar a la puerta. Bendito problema para el capitán español y Ferrer no esconde que, como capitán, esa nueva hornada le ilusiona. “Quiero contar con ellos”, dijo. “Son jóvenes, tienen esa fuerza y necesitan debutar. Son jugadores que tienen que estar ahí en el futuro y construir el tenis español para volver a conseguir que este país esté arriba”.
A partir de ahí, la charla giró hacia el propio Ferrer. Feliciano le preguntó por su retirada, por si se fue satisfecho y por cómo se vive ese duelo íntimo que atraviesa cualquier deportista cuando entiende que el final está cerca. La respuesta de Ferrer fue una de las frases de la conversación. “Yo no decido retirarme, el tenis me retira a mí”, confesó. “Si yo pudiera jugar en la pista central, si pudiera tener la chispa que teníamos cuando jugábamos y poder estar aquí, seguiría jugando”. Feliciano no tardó en darle la razón: “Yo también. Yo lo digo siempre. Yo no me retiraría”. Ferrer asentía desde una verdad compartida por tantos jugadores: no siempre se deja el tenis por falta de amor, sino porque el cuerpo, el ritmo o la chispa ya no alcanzan para competir como uno quiere.
El de Jávea se despidió precisamente en el Mutua Madrid Open, en una pista central llena y en una noche que conserva como uno de los recuerdos más bonitos de su carrera. “Tuve una despedida muy bonita”, recordó. “Me despedí aquí, en el Mutua Madrid Open, en la pista central, un martes, pista llena a las doce de la noche. Siempre digo que soy el tío más afortunado del mundo”. Feli quiso subrayar que aquello no fue casualidad ni simple generosidad del torneo. “La gente vino a verte a ti porque sabía que podía ser tu último partido en Madrid”, le dijo. “Ese cariño no es el torneo el que lo genera, ha sido ”.
“¿Sabes cuándo más orgulloso me siento?”, se preguntó Ferrer. “Cuando voy por la calle y de repente alguien me dice: David, enhorabuena, porque me lo he pasado muy bien contigo. He disfrutado mucho viéndote jugar. Cuando te dicen eso, dices: mira, he dejado algo”. Feliciano, que compartió generación, vestuario y miles de vivencias con él, fue más allá. “Yo creo que tú no te has dado cuenta de lo buen jugador que has sido. Llegó un momento en tu carrera en que para ti perder antes de cuartos en un Grand Slam era prácticamente un fracaso. Yo creo que normalizaste una serie de cosas que no son normales”. El finalista de Roland Garros aceptó la idea con humildad: “Jamás me esperé poder llegar a ser ocho años top 10, ser tres del mundo. Jamás. Ni creo que nadie se lo esperara”.
La explicación de esa carrera larguísima la explica el propio implicado: “Hay dos Ferrus. Está el Ferru joven, con 20 años, que era un buen jugador, pero impulsivo, que perdía muy fácil la concentración, rompía raquetas y no era tan profesional. Y luego fui madurando con los años, teniendo curiosidad y copiando y pegando de los buenos jugadores”. Entre esos modelos, Ferrer citó a Rafa Nadal, Carlos Moyà, Juan Carlos Ferrero y Marat Safin: “Ver a Rafa ganar un torneo y querer ganar otro, y otro, y otro… Esa ambición me hizo decir: ostras, yo quiero ser como Rafa”.
Feliciano apuntó una de las virtudes que mejor definen a su amigo en pista: “Eras muy ganador, muy competitivo, extremadamente competitivo. Te jodía mucho perder”. Ferrer no lo negó: “Lo pasaba mal. La derrota, la soledad… la sentía desde pequeño”. Para muestra un botón. Feliciano recordó un Campeonato de España en Madrid en el que ganó a Ferrer y, después, su madre le contó que David lloraba de rabia en los cambios de lado. El de Jávea se reía al recordarlo: “Se me caían las lágrimas. Féli sacaba y no veía la pelota, pero yo seguía”. Para el que fuera campeón en Queens, esa imagen resumía una de sus grandes cualidades. “Muchos tenistas, cuando llega ese momento de sufrimiento, se dejan. Tú no”, le dijo. “Tú tenías la capacidad de decir: lo estoy pasando mal aquí, pero yo sigo”.
Ferrer reconoció que ese gen competitivo fue una base decisiva, pero también habló del punto de inflexión que cambió su percepción como jugador. Lo situó en 2007, cuando alcanzó las semifinales del US Open tras derrotar a Nadal en cuartos. “Ahí jugué y dije: uf, soy bueno”, recordó. “Sentí que podía competir con todo el mundo. Ese 2007 fue clave para decir: ahora que estoy en el barco, no me quiero salir”.
La charla terminó con una mirada al tenis actual. Ferrer cree que el circuito ha evolucionado hacia una potencia mucho mayor, con jugadores más completos, más fuertes físicamente y mejor preparados en nutrición y entrenamiento. “Ahora no hay ningún jugador que tenga un golpe malo”, analizó. “Todos, tanto de revés como de derecha como de saque, tienen potencia. Y luego se mueven muy bien”, aunque el alicantino también echa de menos una parte del tenis de antes: la inteligencia táctica del jugador que debía resolver solo. “Tácticamente echo de menos un poco ese conocimiento”, reconoció. “Hoy en día hablas con el entrenador, te lo dice todo. No ves a un jugador que valga por sí mismo desde la inteligencia”. Feliciano enlazó esa idea con el debate del coaching. “Lo que hacía distinto al tenis de los demás deportes era que el jugador tenía que resolver sus problemas solito”, reflexionó. “Eso es una enseñanza para la vida desde que eres un crío”. Ferrer, como casi siempre, encontró el punto intermedio. “Tiene sus pros y sus contras”, dijo. “Para el espectador, escuchar a un entrenador hablar con el jugador es interesante. Pero a mí me gustaba mucho eso de poder resolver el problema solo”.
La realidad es que la conversación podría haber durado horas y horas, pero el tiempo apremia en este Mutua Madrid Open. La recomendación es clara y si tienen treinta minutos, no lo duden y escuchen una conversación entre dos amigos que lo han sido todo en el mundo del tenis, habrán invertido bien su tiempo.