Dino Prizmic ha firmado la primera gran campanada del Mutua Madrid Open. El croata, llegado desde la fase previa, se ha deshecho este viernes de Ben Shelton, cuarto cabeza de serie del torneo y número 6 del mundo, en una batalla magnífica resuelta por detalles: 6-4, 6-7(4) y 7-6(5), después de tres horas de tenis, nervios, valentía y piernas al límite.
Shelton aterrizaba en Madrid como uno de los nombres propios del cuadro. Venía de ganar en Múnich, con la confianza por las nubes y con la sensación de que las condiciones de la Caja Mágica podían adaptarse muy bien a su tenis: altura, bola viva, margen para acelerar con el saque y la derecha. Era, sobre el papel, una gran oportunidad para seguir construyendo su candidatura a levantar un primer Masters 1000 sobre tierra batida. Madrid no entiende de papeles.
Prizmic le cambió el guión desde el principio. El croata, de 20 años, no ha jugado como rival pequeño, sino dispuesto a discutir cada centímetro de pista. Ha aguantado los latigazos de Shelton, aceptado el intercambio físico y encontró la manera de incomodar al estadounidense con una mezcla de intensidad, piernas y una madurez competitiva impropia de quien apenas empieza a asomarse a estos escenarios.
El primer set fue suyo, 6-4, una declaración de intenciones. Shelton reaccionó en el segundo, sostuvo el pulso y forzó el desempate para igualar el partido. Ahí parecía que el favorito podía haber encontrado el resquicio, pero Prizmic no se fue del partido. Ni mental ni físicamente. Volvió a empezar.
El tercer set fue una prueba de resistencia. De las que no sólo se ganan con tenis, sino también con carácter. El croata, que ya había superado dos partidos de previa y venía de derrotar en primera ronda a Matteo Berrettini, encontró todavía energía para sostenerse en la pelea y jugar con decisión los puntos que quemaban.
El premio es enorme: primera victoria de su carrera ante un Top 10, primera tercera ronda en un Masters 1000 y una semana que confirma que Prizmic ya es presente. Antes de Madrid apenas había ganado un partido de cuadro final en torneos de esta categoría. En la Caja Mágica ya suma dos más, además de los dos triunfos de la fase previa. Un recorrido trabajado desde abajo y que le coloca de golpe en otra dimensión.